El Día Internacional del Té volvió a poner en foco una de las bebidas más consumidas del mundo y, especialmente, el interés científico por los posibles efectos del té verde sobre la salud cardiovascular. Diversas investigaciones analizaron cómo sus antioxidantes y compuestos bioactivos podrían influir en marcadores relacionados con el corazón, la circulación y la inflamación.
Entre las variedades más estudiadas, el té verde suele destacarse por su elevado contenido de catequinas, flavonoides y polifenoles, sustancias asociadas a propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Uno de los compuestos que más atención despertó en la comunidad científica es el EGCG o epigalocatequina galato, considerado uno de los antioxidantes más potentes presentes en esta infusión.
La dietista registrada Dawn Menning explicó que el interés por el té verde radica en su posible capacidad para reducir procesos inflamatorios y disminuir factores de riesgo cardiovasculares. Según señaló, algunos estudios observaron asociaciones entre el consumo habitual de esta bebida y niveles más bajos de colesterol LDL, conocido popularmente como colesterol “malo”.
El colesterol LDL está relacionado con la acumulación de placa en las arterias, situación que puede aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. En paralelo, algunas investigaciones también encontraron incrementos en el colesterol HDL, considerado protector para el sistema cardiovascular.
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Además del colesterol, especialistas analizaron el impacto del té verde sobre la presión arterial y la función de los vasos sanguíneos. De acuerdo con revisiones científicas, ciertos compuestos presentes en la bebida podrían contribuir a mejorar la elasticidad vascular y reducir el estrés oxidativo, un desequilibrio biológico vinculado al daño celular y al envejecimiento de los tejidos.
La inflamación crónica también aparece entre los factores estudiados. Investigadores sostienen que los antioxidantes del té verde podrían ayudar a disminuir algunos marcadores inflamatorios relacionados con enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los expertos aclaran que todavía se necesitan más estudios para determinar con precisión las dosis ideales y confirmar el alcance real de estos efectos en la población general.
En cuanto a la cantidad recomendada, varios trabajos científicos coincidieron en que consumir entre dos y cuatro tazas diarias podría asociarse con beneficios potenciales para la salud. Instituciones académicas como la Universidad de Maryland y publicaciones de Harvard Health Publishing mencionaron que una ingesta moderada y sostenida en el tiempo puede formar parte de hábitos saludables, especialmente cuando reemplaza bebidas azucaradas.
Otro punto importante es la preparación. Especialistas recomiendan infusionar el té verde con agua entre 70 y 80 grados Celsius durante tres a cinco minutos, ya que temperaturas demasiado altas pueden incrementar el sabor amargo y alterar la extracción equilibrada de compuestos antioxidantes.
A diferencia del té negro, el té verde atraviesa un procesamiento menos oxidativo, lo que ayuda a conservar una mayor cantidad de catequinas y otros compuestos naturales presentes en la hoja. Gran parte de su producción mundial se concentra en países como China, Japón e India.
Además de beberse caliente, el té verde también comenzó a popularizarse en versiones frías, con ingredientes como limón, menta, jengibre o naranja, así como en presentaciones de matcha. Nutricionistas sugieren evitar el exceso de azúcar refinada para conservar mejor sus propiedades y aprovecharlo como una alternativa más saludable frente a refrescos y bebidas endulzadas.
Aunque los estudios sobre el té verde continúan avanzando, especialistas coinciden en que su consumo debe integrarse dentro de un estilo de vida saludable que incluya alimentación equilibrada, actividad física y seguimiento médico en personas con enfermedades cardiovasculares o hipertensión.