El dolor en el hombro puede parecer una molestia menor al inicio, pero con el paso de los días puede convertirse en un problema incapacitante que afecta tareas cotidianas tan simples como vestirse, cargar objetos, peinarse o incluso dormir. Detrás de muchos de estos casos se encuentra una lesión o inflamación del manguito rotador, una estructura clave para la movilidad y estabilidad de la articulación del hombro.
De acuerdo con un informe publicado por el diario británico The Times, especialistas en cirugía ortopédica, fisioterapia y rehabilitación coincidieron en que esta afección es una de las causas musculoesqueléticas más frecuentes de consulta médica, especialmente entre adultos mayores, aunque también puede aparecer en personas jóvenes o físicamente activas sin una causa evidente.
El manguito rotador está formado por un grupo de músculos y tendones que rodean la articulación del hombro y permiten levantar y girar el brazo. Cuando estos tejidos se inflaman, se desgastan o sufren desgarros, aparecen síntomas como dolor, debilidad y limitación de movimiento.
El profesor Andrew Carr, especialista de la Universidad de Oxford, explicó que muchas personas desarrollan alteraciones en estos tendones con el paso del tiempo, incluso sin presentar síntomas inmediatos. Según datos citados en el informe, hasta una cuarta parte de las personas mayores de 65 años presenta una rotura completa del manguito rotador, aunque no todas experimentan dolor.
Uno de los principales desafíos es que el problema suele evolucionar lentamente. El dolor puede comenzar como una molestia leve y empeorar progresivamente, sobre todo al levantar el brazo por encima del hombro o al dormir sobre el lado afectado.
En las primeras etapas, los especialistas recomiendan un tratamiento conservador orientado a disminuir la inflamación y evitar movimientos que sobrecarguen la articulación. Ross Armstrong, del Royal Orthopaedic Hospital, señaló que limitar temporalmente ciertos movimientos puede ayudar a controlar el dolor y evitar un deterioro mayor.
Las medidas iniciales suelen incluir la aplicación de hielo, reposo relativo y el uso de medicamentos analgésicos o antiinflamatorios como el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos. En muchos pacientes, estas estrategias permiten observar una mejoría en un periodo de entre cuatro y ocho semanas.
Sin embargo, cuando el dolor persiste o limita significativamente la movilidad, la fisioterapia adquiere un papel central en la recuperación. El objetivo de la rehabilitación no es únicamente aliviar la molestia, sino también fortalecer los músculos que estabilizan el hombro y corregir alteraciones posturales que puedan agravar el problema.
Los ejercicios suelen enfocarse en fortalecer la escápula y recuperar progresivamente la movilidad mediante rutinas de resistencia ligera y movimientos controlados. Este tipo de terapia busca que la articulación vuelva a funcionar correctamente sin generar más daño en los tendones.
El profesor Tim Cook, académico de la Universidad de Leeds, explicó que el dolor puede aparecer incluso sin una lesión clara o un esfuerzo importante previo. También destacó que muchas personas sienten molestias al realizar actividades diarias como ponerse una camiseta o alcanzar objetos en repisas altas.
En cuanto a los ejercicios de rehabilitación, los expertos indicaron que cierta incomodidad leve durante la actividad física suele ser normal y no necesariamente significa que exista un daño mayor. No obstante, advirtieron que no debe forzarse el movimiento cuando el dolor es intenso.
Si las medidas conservadoras no logran controlar los síntomas, existen otras alternativas médicas. Entre ellas se encuentran las infiltraciones con corticoides, utilizadas para reducir la inflamación en casos específicos. Sin embargo, los especialistas aclararon que este recurso suele limitarse a pocas aplicaciones debido a sus posibles efectos secundarios sobre los tejidos.
La cirugía queda reservada para los casos más severos o persistentes, especialmente cuando existe un desgarro importante del tendón o una pérdida considerable de fuerza y movilidad. Según Andrew Carr, la reparación quirúrgica puede mejorar el dolor en alrededor del 80% de los pacientes, aunque el resultado depende de factores como la edad, el tamaño de la lesión y el estado del tejido dañado.
Los especialistas también advirtieron que no todas las cirugías ofrecen beneficios comprobados. Algunos procedimientos dirigidos a eliminar espolones óseos o ampliar el espacio articular no mostraron diferencias significativas frente a cirugías placebo en ciertos ensayos clínicos, lo que ha llevado a replantear algunas prácticas médicas tradicionales.
Además del tratamiento directo sobre el hombro, los expertos subrayaron que la recuperación está fuertemente influenciada por los hábitos de vida. Chris Littlewood, de la Universidad Sheffield Hallam, explicó que factores como el tabaquismo, el sedentarismo y el sobrepeso aumentan tanto el riesgo de desarrollar dolor como la posibilidad de que este se prolongue durante más tiempo.
Por ello, la evidencia científica actual apunta a que mantener actividad física regular, controlar el peso corporal y adoptar hábitos saludables puede favorecer significativamente la recuperación.
Aunque el proceso suele ser lento, el pronóstico general es favorable. La mayoría de las personas experimenta una mejoría importante entre los tres y seis meses posteriores al inicio del tratamiento, aunque algunos pacientes requieren seguimiento prolongado para recuperar completamente la funcionalidad del hombro.